jueves, mayo 18, 2006

E-mail de una amante - 17


Breve introducción a la inocencia

Miércoles a la noche (jueves de madrugada). Llegué hace un rato del festejo de cumpleaños número xxxxx de A. Cumplió el jueves pasado y ya fuimos a cenar con 25 grupos de gente para festejarlo... Pizza Piola, comimos riquísimo, deberíamos ir.

Me cuesta irme a dormir, estoy un poco pasadita de rosca, hoy fue un día largo.

¡Encontraste la película!!! Bien por el gato buscador. Leí como una buena niña los datos que me mandaste. Me da mucha curiosidad. Cine, cine, cine. El Ansia es una de mis películas de adolescente. Moría –ya sabés por qué– por Caterine Deneuve y ahí está hermosa. Toca en el piano el dúo de las flores de Lakmé. Obviamente yo ya me había ido a la biblioteca del Conservatorio a sacar las fotocopias de la partitura y aprendérmela en el piano. Chiquitita, pajerita e intelectualosa. En lugar de trincarme a la preceptora que era un auténtico tortón patrio... Torpezas de juventud.


Pura retórica

Así las cosas. Me pedís más cuentitos... Frente a la praxis, me quedo casi sin aliento. ¿Qué te puedo contar? ¿Te puedo seguir haciendo la cabeza con eso del sabor del vinito? Es cierto que falta un espejo que nos devuelva mi mejor perfil, pero volviéndonos ese extraño animalito duplicado en piernas y brazos (dos, cuatro, ¿mil?) lo que llega hasta los ojos sería una información casi secundaria. Es demasiado lo que llega por el gusto, el tacto. ¿Cómo procesar todos los sabores, la saliva, tu piel, la transpiración? ¿Qué hacer con cada rugosidad y cada llanura, el pelo, la humedad del sexo, la suavidad de tu lengua? Realmente no sé qué contarte. ¿Te explico que en tres horas (cuatro, seis) no logro arrancar de tu cama? ¿Qué te enlazás a mí y yo pierdo toda soberanía? ¿Qué me espanto por perder el control sobre el tiempo? (Y qué importa el tiempo...) Tu abrazo me sujeta y tu boca me busca. La misma boca que me ofrecías en los días del Festival de Cine y Festival Paralelo de Calentura por Escrito. Ahora esa boca me hurga, me abre, me lame, me vuelve totalmente vulnerable, me besa, me abarca completa, me colma. Ningún espejo alcanzaría a devolver la imagen exacta de lo que está pasando, aunque una luna devuelva el reflejo de mis caderas crispadas de placer en pleno galope sobre vos. No significaría nada. La imagen de mis piernas abiertas plantadas entre tus muslos podría resultar estimulante, pero tampoco significaría nada. Nada frente a la alquimia perfecta. Ya no interesa en lo más mínimo poder sacar oro de las piedras, si podemos volver incandescente el cuerpo. ¡Lo logramos, inutilizamos la utopía de la piedra filosofal!

X rosa1 rosa2 ¡¿rosa3?!

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