jueves, noviembre 23, 2006

A todo chancho le llega su San Martín



El 11 de noviembre, festividad de san Martín de Tours, es cuando comenzaban las matanzas en España, ya que pasados esos dos o tres días de calor, el llamado veranillo de san Martín, comienza a hacer frío y por lo tanto empieza la época propicia para curar la carne. De ahí proviene el significado del refrán.

En realidad acá no interesa si es 11 de noviembre o no, el tema es que me regalaron un chanchito/a origami. A escondidas apareció y se escondió entre mi colección de Los Simpsons.

Digamos que es una chancha. La muy marranita, tiene entre sus plieguecitos un cartel que dice “I’m a pig”. Precisamente por marrana para mí tiene la connotación de quién grita “QUIERO GUERRA!!!”

Y sí, la tuviste. Te faenaron?? Te revolcaste??? Sos una chanchita picarona??? Te gustan las chanchadas??? Sos chiquita pero rápida para correr???? Te corriste?? Ummm, voy por mi cuentaganado a ver cuántas vueltas diste.

Se hicieron las 3 de la mañana. No quedó nadie vivo.

Esta tarde me escribió:
"Te pido perdón por haberte sacado de la cama a altas horas de la madrugada. Estoy muy frita. Pensé, “me quedo dormida dos segundos” y fueron... tres horas. La única ventaja fue verte con esa cara de sueñito que te hace tan adorable.
Te cuento que la mañana de MSN fue divertidísima, con toda la carga de lo clandestino. Estaba rodeada de niños que me revoloteaban todo el tiempo (por eso había sacado tu foto, para que, al menos no se viera a quién cuernos le estaba escribiendo). Y me dediqué... justamente a eso, a escribirte. Creo que tomé dos recuperatorios en medio de nuestra charla. No estoy segura, deberé verificarlo. Estaba muy entretenida hablando con vos de las medidas que debíamos tomar y a mí me sorprendían (“Qué larga y ancha que es tu vida...”) Creo que los pibes se dieron cuenta de que estaba totalmente en “otra”... y así era. Estaba con “otra”. Es decir, contigo. Ocupadísima vigilando la pava que habíamos dejado en el fuego ( ji ji ji) y que amenazaba con quemarnos la punta de los dedos cada dos o tres intervenciones. Preparábamos por escrito lo que sería nuestro encuentro. Nos preparábamos para vernos, como si ajustáramos primero (como si hiciera falta) cada uno de nuestros mecanismos, sensaciones, sentimientos, para estar a pleno en el encuentro (¿estuvimos a pleno? ¿Vos qué dirías?). ¿Llegó el vapor de la pava a la punta de tus dedos? ¿Qué sensaciones te llegaron a la yema de esos dedos? ¿A qué huelen tus dedos en esta mañana de jueves? Yo todavía no me he bañado, es decir que conservo todo tu ADN conmigo (todo / mucho de tu ADN). Hasta el pelo que creo haberme tragado, me acompaña todavía. Soy y seré por estas horas la clásica “prueba del delito”. Bello delito, placentero delito. Tal vez delirio, más que delito. Seré la prueba de que estuviste en mí, conmigo.
Besos, besos que te colmen, que te dejen tal vez alguna marca, que te hagan humedecer de sólo pensarlos, que te acompañen, que te traigan mi perfume. Besos que te doy, mientras sólo puedo sentarme de costado (¿¡!?). Besos que son ofrendas, besos sacros –como de ingreso a un templo sagrado- , besos de hacerle “el amor” a una chica (o de morder hasta sacar un pedacito...)"
Miss X
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