martes, junio 26, 2007

Ser gay es fashion?


No lo creo. Nadie es o deja de serlo por ser fashion.

Sí creo que la homosexualidad se la mira con menos culpas. No se le da el tinte trágico que tenía antes.

Recuerdo de chica que ví un unitario a la noche donde Fernán Mirás que era muy jovencito hacía de gay. La familia por supuesto no lo sabía. Toda la historia era densa. El chico sufría por “ser lo que era”. Era todo mucho dramón con mayúsculas. No recuerdo con exactitud la fecha pero seguramente sería alguna de las historias de Alejandro Doria o de alguno de aquellos directores conocidos en los comienzos de los ’80.

Incluso trasponiendo las fronteras estaba Antonio Banderas en “La ley del deseo” de Almodóvar. Un melodrama que querría volver a verlo porque allá por el 87 cuando se estrenó me resultó muy difícil de digerir. Todo mal, mucho pasión, mucho gay, mucha transgresión, todo muy difícil de aceptar a la vez y por el mismo precio. Al menos para mí. No me fue fácil.

No era fácil ser gay en Buenos Aires aunque la homosexualidad no haya sido nunca penada.

No era fácil pero somos un país machista. Y como tal nuestras fuerzas de seguridad se jactaron de llevar a cabo ese machismo, aunque en sus fuerzas pudiera haber de todo. De hecho recuerdo que en la CHA había un chico que era poli pero era de la CHA. Un gordito muy piola.

Una noche de invierno iba caminando por la cuadra del Edelweiss sobre Libertad casi Av.Corrientes y venían 2 chicas de la mano con cierta actitud lésbica por así decirlo. Mano contraria, con tapados largos, muy bien trajeados iban 2 tipos que se le cruzaron y las empujaron. Lo hicieron a propósito. Acto seguido las insultaron y le gritaron tortas y comenzaron a discutir. Yo seguí mi camino pero realmente me sorprendió e impactó.

Otra vez ya comenzaba a frecuentar el ambiente y fui víctima en 2 ocasiones de razzias por parte de la poli. Una, en el boliche de Canning, la comisaría de la zona con su subcomisario, pasaba con el patrullero y por el solo hecho de estar parado en la cuadra de un boliche gay te llevaba adentro. Podías esgrimir el DNI, pero él te replicaba, “subí, no importa. Vamos que es por averiguación de antecedentes”. Y te llevaba. Me acuerdo que esa noche estaba con un amigo en la esquina esperando que llegara una chica. No nos dimos cuenta que venía el patrullero porque sino nos hubiéramos metido de una en el boliche. El tema ahí muchas veces era precisamente no estar parado en la cuadra. No hablo de la época del proceso, hablo de la época aún de los edictos policiales y más precisamente del ’86.

En otra ocasión estaba en Line, otro boliche del ’86, predecesor de Bunker. Era chiquito pero con muy buena onda y gente muy linda. Estaba con mi fiel amigo Carlitos bailando hasta que de golpe bajaron unos tipos super trajeados (invierno otra vez) con tapados largos, peinados a la gomina y con aires de modelo. Cortaron la música y dijeron “no se preocupen vamos a pedir documentos para ver si hay menores de edad”. Nos quedamos paralizados pero con cierta tranquilidad de no menores. Sin embargo, pasaban delante tuyo, te miraban de arriba abajo, y a más de uno le preguntaban “ qué dirían tus padres si te vieran acá?, no te da vergüenza?”. El tema es que se fueron llevando gente no solamente menor de edad. Comenzaron a hacer un recorrido uno por uno y a ver a quién elegían y a quién no. Y así al azar, se iban yendo tambien. En una de esas uno de ellos se agacha y recoge del suelo un aro largo que estaba tirado en la pista. Lo toma y mostrandolo a todos nosotros, pregunta con aire socarrón: “Este pendiente pertenece a algún caballero?”.

La verdad que fue un alivio que ese tipo de razzias discriminatorias se eliminen. Porque eran totalmente homofóbicas. Delito no era aunque te quisieran hacer sentir criminal e hicieras el pianito y te metieran en un calabozo hasta el mediodía siguiente. En el peor de los casos, a más de un varón le aplicaban el famoso 2do. H que era un edicto por provocar escándalo y oferta sexual en la vía pública.

Para mí el traspaso de mi vida hetero a elegir ser homo, me llevó a una transisión de no querer ser nada. Ni hetero ni homo. No me interesaba nada en particular y de ultima trataba de reafirmar mi femineidad puesta en duda, con algun varón que me reconfirmara que aún podía atraerlo o seducirlo. Con el tiempo eso dejó de ser clave, aunque no deja de ser atractivo para el ego.

Toda mi transición transcurrió en calma y lentamente hasta que conocí a mi primer pareja. La más histérica de todas. Interesante. Desafiante. Un sube y baja de emociones. Hombres y mujeres compitiendo por igual. Divertido hoy pero angustiante entonces. Mi primera relación. Una de mis mejores amigas hasta hoy.

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