miércoles, febrero 09, 2011

Fin de semana o... telo

Dejaron atrás el boliche y se dirigieron al telo más cercano.
El silencio era casi como un invitado más a ese encuentro íntimo que iban a concretar.
En el auto, no dijeron una palabra. Ni siquiera había música que apartara ese silencio que las unía y las mantenía aún separadas.
Los encuentros con alguien que uno desconoce completamente son un mar de preguntas pospuestas quizás para algún otro día. Si es que lo hay.
Llegaron a ese lugar neutral tambien casi desconocido por las dos.
Entraron en la habitación y observaron por un instante las comodidades del lugar.
Había un tiempo estipulado que había comenzado a correr. Había un reloj que indicaba que era el momento de iniciar lo que ha veces en otras circunstancias nos lleva un tiempo concretar. Esta vez todo había sido muy rápido y directo.
No era necesario decir nada más. Precisamente el desafío era dejar de lado las palabras.
Ella dió el primer paso recorriendo su piel. La otra entrecerró sus ojos y se dejó guiar por el perfume que fue lo primero que le había atraído de ella. Comenzaron así a entrelazarse y a explorarse con plena certeza. Comenzaron a buscarse a cero centímetro de distancia. A poner pasión en cada movimiento. La respiración y la temperatura subía locamente a ritmo exponencial. La ropa rápidamente fue quitada y ambos cuerpos fusionaron.
Rápidamente se abrazaron a un fuego que las abrasaba y las encendía aún más.
Ese era el mejor diálogo que podían comprender. Eso era lo único que había que decir.
Dejarse estallar el cuerpo por alguien que no conocemos. Dejarnos descubrir por alguien que no duda qué es lo que busca. Abandonarse. Reencontrarse. Abrazarse y volar.

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