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A mi regreso de mis largas vacaciones andaba cerca de tu ciudad pero los tiempos estaban muy justos como para que te llegaras al aeropuerto a hacerme el aguante y tomar un café esta vez como reencuentro. Lamentaste que no hubiera tiempo y yo también lo sentí.
Este año, casi estuve a punto de tomar un descansito por tus tierras pero algunos planes y algunos compromisos laborales no permitieron coordinar algo juntas. Sin embargo el teléfono a veces o sino la webcam me acercan tu imagen alegre de saberte un poquito más cerca de esta viajera porteña. Insististe que me llegara visitarte y qué estaba haciendo de vacaciones en Baires cuando bien podría estar tomando sol y playa con vos.
Me dió ternura que te esmeraras con la cámara para alcanzarme ese turquesa del mediterráneo a través de una lente que no entendía de contrastes. Sin embargo gracias a que el sol empezaba a apartarse de tu balcón, comenzaron a aparecer las palmeras, el cabo y ese azul maravilloso que se funde con el cielo.
Esta porteña que conoce de asfalto, baches y viejos adoquines, es una agradecida por esa imagen semi congelada que me recuerda a la libertad.